Hoy es el primer día que estoy trabajando en Albacete, y la verdad que se hace duro pensar que al llegar a casa no habrá nadie esperando, ni mi padre, ni mi madre, ni Mikan ese gato que me despertaba a las 6 de la mañana para que le diera jamón.
Siempre que empiezo en una nueva obra, me sentía raro, y estaba deseando volver a casa para descansar y ver que aunque cambiara de obra las cosas en casa seguían iguales. Y ese daba mucha seguridad. Pero hoy no. De vez en cuando me dan ganas de volver a Torrejón esta misma tarde, cenar allí y luego venir mañana por la mañana (de madrugada) aquí, no creo que lo haga, pero puede que alguna vez sí, son solo 2 horas de viaje y muchos trabajadores lo hacen.
Como podrá observar todo aquél que lea esto, se nota que estoy en uno de esos días que no te apetece salir del lugar donde tenemos seguridad de estar bien, en mi caso, la casa de mis padres.
Saludos
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1 comentario:
Entiendo bien esa sensación, aunque curiosamente yo la tuve con la soledad que me ofreció un lugar que llegué a detestar con ese mismo motivo.
A veces nos acomodamos tanto con un ritmo de vida que nos estancamos y realmente, necesitamos un cambio que nos recuerde que hay más pasos que dar todavía, más cosas que hacer. Tú lo necesitabas, pues creo que no has encontrado todavía toda la compañía que has de tener en tu vida. Quizá Albacete acabe de completar tu vida.
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