jueves, 8 de mayo de 2008

The man in the rain

He sacado un poco de tiempo en el ajetreo normal que hay en una obra durante un día de lluvia para hacer una brevísima reflexión sobre estos días lluviosos.

Como se suele decir, mucha gente se vuelve un tanto apática y desganada durante días como el de hoy. En mi caso me traen muchos recuerdos, casi todos muy agradables y entrañables. Recuerdos de la infancia en el Prat de Llobregat (Barcelona) y en Sao Paulo (Brasil), fuertes lluvias e inundaciones que dejaban en un perpetuo caos la circulación por las calles. Momentos de diversion y risas en Torrejón mientras pasabamos por debajo de todos los desagues de los tejados empapandonos o jugar al futbol bajo una tromba de agua. Y más recientemente me trae recuerdos del viaje a Nueva Zelanda del que tanto hablo.

No sé muy bien el por qué, pero me encanta la lluvia. No solo por los recuerdos que he emncionado, sentir las gotas de agua golpearte y deslzarse por la cara y el pelo refrescandote, andar por los charcos empapandote los pies... Me siento como un niño pequeño de nuevo, con ganas de brincar y correr...



Un saludo a todo el que lea esto, el telefono ha vuelto a sonar y debo ausentarme por temas profesionales jajaja



Que paséis buen día

1 comentario:

Natalia Corbillón dijo...

Me alegra leer por fin algo que ha salido de una reflexión tuya.
Para mi la lluvia es contradictoria. Como todos los que tenemos que llevar gafas detesto tener la visión nublada por mil gotecitas. Tendrían que inventar gafas con parabrisas incorporado.
Pero me gusta oir llover, y me gusta el color de la hierba en Galicia cuando llueve, y el olor de la tierra seca sobre la que acaba de llover, y el sonido contra los tejados cuando estoy en la cama, siempre y cuando no diluvie que parece que se me cae el tejado encima.